¿Quieres vivir en Pandora?

El edificio sobre el que se ha construido las democracias occidentales en los últimos años, especialmente en los países donde los neoliberales han ideado el modelo de convivencia, se derrumba. Las alertas ya no lo son tanto, ya que se han convertido en hechos.

La crisis financiera internacinal de hace dos años y catástrofes medioambientales y humanitarias como el cambio climático, el hambre en el mundo, la inmigración forzada y el reciente terremoto de Haiti, sumados a fenómenos más sutiles, como la desafección de los jóvenes a trabajar en el sector privado, está evidenciando los limites de un modelo basado en más mercado y menos Estado.

Estos ideólogos del “laissez (moi) faire” siempre han espetado que la fuente de riqueza era el mercado y la iniciativa privada, sin considerar el valor de lo publico y de la acción colectiva. Ahora ya se ha demostrado que no es así. La sostenibilidad en el tiempo desde el punto de vista económico, social e incluso empresarial la garantiza un Estado, ni grande ni pequeño, sino fuerte y eficiente.

Se debe de redefinir un nuevo partenariado publico – privado, donde cada cual se dedique a lo que mejor sabe hacer y el Estado sea garante de los pilares vitales de las personas, como la sanidad, la educacion, la vivienda y la protección social.

En este post no pretendo detallar que instrumentos son útiles a estos propósitos, sino recuperar principios de siempre y actualizarlos con los tiempos que corren. Hay que proteger una convivencia en paz y solidaria donde la unidad de cuenta sea la felicidad de la persona y el espacio vital un Mundo sostenible, económica, social y medioambientalmente.

Hace poco una amiga me interpelaba que quería vivir en Pandora. Y esta afirmación me ha suscitado un sentimeiento de dolor. Ya vivimos en Pandora, pero la estamos destruyendo. No nos queremos dar cuenta pero somos los malos de la película. Cambiar esto no es fácil. Desde luego con el sistema actual, como se ha demostrado en Copenhaguen, imposible.

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